Primera


Bordado de la vida y muerte de un pueblo


La vida que no vio la luz


Eran buenos


Dolor imborrable


El maestro que no fue


Sabor de oro


los veintiocho golpes


Padre e hijo


Imágenes


 

Sabor de oro

La guerrilla secuestró a Yenmín entre el 29 de abril y el 3 de mayo. Jhoimar murió en manos de su madre Sair en la Iglesia de Bellavista (Bojayá). Cuando Yenmín llegó, aún en medio de combates, cruzó el río, recogió a su pequeño hijo y lo enterró en Vigía del Fuerte.

"La recuerdo cuando escucho una champeta" dice Rocío González Palacios, de 22 años, para referirse a su mamá Brígida Palacios Pandalez, una mujer que con medio siglo vivido aún conservaba toda la cuerda para rumbear, para bailar, para disfrutar de la vida.

Su padre Vidal Palacios guarda una libreta de hojas amarillentas donde dice "Brígida nació el 30 de mayo de 1952 en Pogue". Y sus diez hijos Evangelista, Carlos, María, Sair, Juan, Rocío, Yenny, Martha, Yairon y Alex tienen de ella otra carta de presentación: hacía el mejor sancocho de pescado del mundo.

Aparte de cocinarles sabroso, Brígida los regañaba bastante pero también les dedicaba todo su tiempo, más aún después de que dejó de trabajar en el Municipio de Bojayá.

Una enfermedad de cualquiera de los suyos era para Brígida un acontecimiento que merecía toda su atención y todo su tiempo, hasta el de la rumba. Cuatro semanas la separaban de la fiesta que siempre se soñó para sus bodas de oro.

Además de su madre, María perdió tres de los hijos que había tenido con Elvis Orlando Guzmán Martínez: Yumer Edwis, de 13 años, Marelvis de 10 y Yinelvis de 9.

Una foto de Brígida acompañada con su hija Yenny.

María y Elvis, a quienes sólo les quedó viva su hija Yinerla, de 3 años, dejaron de golpe de disfrutar de los celos de Yumer Edwis "que se ponía como un diablo cuando un niño se le acercaba a sus hermanas". Muy entrón, travieso y soñador, Yumer disfrutaba echando sus trasmallos y viendo como el pescado se quedaba en sus redes y montando bicicleta porque "quería ser otro Lucho Herrera".

La meta de Marelvis tenía en definitiva otros sonidos y por eso jugaba a imitar a Shakira. Las tarde de baile al lado de su hermana Yinelvis las complementaba con su pasión por la natación y colaborando en la casa.

Claro está, además de asistir al tercer grado de primaria con su hermano Yumer, donde se hizo famosa por "bravita y por pelear con las amiguitas" en contraste de lo que sucedía con los mayores, a quienes les gustaba escuchar y contarles sus cosas.

Yinelvis que compartía con su hermanita los pasos de terapia y reggae, también tenía algo en común con su papá: "se comía las uñas porque saco lo mio" dice Elvis. De un genio más tolerable que el de sus hermanos, Yinelvis se le medía a lo que fuera en el plato y le gustaba también hablar sola, jugar sola y hasta comer sola.

Elvis, que se rebusca la vida en varios oficios: vende gasolina, transporta madera y mercancía, siembra, maneja panga y se le mide a los motores fuera de borda, recuerda que Yumer Edwis "trataba de adoctrinar a sus hermanitas, como era el hombre, pero ellas no se dejaban".

Y el cuarto nieto de Brígida que cayó junto a ella es Jhoimar Andrés Cuesta González, el hijo de Sair y Yenmín Cuesta Valencia. El bebé de 21 meses que siempre se mantenía detrás de su padre mientras éste se dedicaba a vender víveres y mercancías. El mismo que cuando su padre se iba se quedaba esperándolo para jugar bolas y para que le tocara música en el balde mientras él bailaba. Como lo hacía su abuela a sus 50 años de edad.

 

 

 
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