Primera


Bordado de la vida y muerte de un pueblo


La vida que no vio la luz


Eran buenos


Dolor imborrable


El maestro que no fue


Sabor de oro


los veintiocho golpes


Padre e hijo


Imágenes


 

El maestro que no fue

A sus once años Herlindo Perea Chalá cursaba el quinto grado de primaria y ayudaba a su padre en los cultivos de maiz, limón, yuca y borojó. Con el sueño de ser maestro, Herlindo dejó de existir el 2 de mayo de 2002.

Su padre Ariel Perea Cuesta, de 52 años, cojea (una esquirla le jodió un tobillo y le secó la pierna), y se para por un momento para pintarlo de un sólo trazo: "era muy calmado, le gustaba estudiar y jugar a todos esos juegos que se inventan los muchachos: bolas, fútbol, trompos...".

Herlindo creció al lado de su madre Crucelina Chalá Perea (43 años) y sus hermanos Ariel, Crucelina, Erlín, Mercedes, Eimer y Elaine. Esta última también vio morir a su lado en la Iglesia de Bojayá a su hijo Wilmar Palma Perea, a quien recuerda como un niño inquieto que le gustaba mucho ver televisión: "El Show de las Estrellas era su programa favorito".

Ahora Elaine Pera Chalá, hace parte de la Comunidad Eclesial de Base, CEB, en la que las 15 mujeres que quedaron (antes de la masacre eran 26), atienden una panadería y bordan. Macedonio, el padre de Wilmar es educador de la escuela de Opogadó y ha sido un apoyo para la tristeza de Elaine que no se expresa con palabras sino con lágrimas.

 

 

 
                ©Todo el material presente en estas páginas es propiedad del periódico EL MUNDO.
     Prohibida su  reproducción total o parcial sin previa autorización.